RESEÑA

Claudia Polar

Conocer a Augusta Barreda y enfrentarse a una personalidad vital es un mismo hecho que enfrentarse a una energía movilizadora que irradia y envuelve, muchas veces sin inicialmente habérselo propuesto . Igualmente sucede con su obra, la que ha transitado a través de Energías Ancestrales, Energías Cósmicas, Energías Contemporáneas y las últimas, Energías Silenciosas, en nuevas formas de expresión . Siempre en una búsqueda personal recorre primero el lenguaje del grabado, del que ha ido evolucionando inevitablemente hacia la escultura, por esa fuerza movilizadora que la caracteriza. Augusta es una escultora que nutre su trabajo de una filosofía existencial muy personal, artista interesada sobremanera en la naturaleza y su preservación , en la vida misma y la evolución del pensamiento. Con una capacidad de renovación importante, Barreda ha ido encontrando en ella, su forma expresiva, la simbología y la metáfora que le posibilita un lenguaje contemporáneo, libre de condicionamientos y convencionalismos. La madera, el metal, el vidrio, la fundición en bronce ó la mezcla de uno o varios materiales, ha caracterizado mucho la obra de la artista en sus más de 25 años de carrera, que ha transcurrido igualmente en escenarios tan disímiles cómo: Rio de Janeiro, Lima, Caracas Madrid y Nueva York. Después de 15 años de residencia en Caracas, Augusta Barreda, de regreso al Perú, nos presenta esta nueva propuesta, distinta y renovada, rescatando un ángulo primordial de su personalidad: su esencia lúdica y libre; visión diferente a la que nos tenía acostumbrados en anteriores exhibiciones . Madera es el material escogido y Naturaleza Interior es el tema de esta nueva exposición. Enormes personajes de diferentes formas y colores, conforman este gran bosque de volúmenes que cobran vida independiente y envuelven al espectador, introduciéndolo a ese mundo de libertad y fuerza interior que caracterizan a la artista. Con una evolución expresiva importante, la artista cada vez profundiza más en las posibilidades dinámicas de su propuesta, sin abandonar postulados pasados abre definitivamente otra vertiente en su trabajo plástico.

CLAUDIA POLAR
Setiembre, 2003

Liz Christensen

A lo largo de su carrera artística, Augusta Barreda ha explorado la forma, el color y los materiales utilizando un vocabulario personal, sintetizado a partir de fuentes diversas. Las inclinaciones peripatéticas de la artista, que emergió a la vida adulta en los setenta, la llevaron a rechazar tanto el dogmatismo como el provincialismo en el arte y cultivar una firme creencia en que el arte encierra una carga personal y colectiva. El lenguaje visual de Barreda ha sido moldeado por el estudio de las artes arraigadas en las tradiciones occidentales y orientales, y en corrientes derivadas de las culturas precolombinas y del folklore. Como buscadora y ciudadana del mundo, la artista ha desarrollado una serie de intereses, como la mitología, la espiritualidad y la ecología, que han influido también en sus investigaciones estéticas. En su reciente serie de trabajos, Barreda, una consumada extrovertida, decide escarbar en el jardín de su propia psique con una exhibición de esculturas titulada "Naturaleza Interior". Como en el pasado, Barreda hace referencia al mundo orgánico que la rodea, en particular a la naturaleza, sobre todo las flores. Con nombres como "Puyudos" y "Pompos", sin embargo, los títulos de sus obras no son meramente ilustrativos. Barreda recurre a la poética tanto como al naturalismo. El espacio entre la abstracción y la representación es borroso y se percibe un juego serio en acción. ¿Podríamos también estar inmersos en un bosque de criaturas submarinas? Elegantes y veleidosas a la vez, estas criaturas ascienden en racimos hacia el sol o se yerguen solas como centinelas solitarios. La artista ha concebido sus obras individuales en términos personales de "familias". Los "Pompos" tienen bases sólidas como troncos de árboles, copas esféricas y pétalos que estallan en múltiples rayos al abrirse. En contraste con las líneas elegantes y las curvas elongadas de las "Calas", hay una clara insinuación de personajes masculino-femeninos. Como los híbridos misteriosos de la escultora Louise Bourgeois, las "Flores Interiores" y los "Puyudos" son sugerentes, pero al mismo tiempo levemente amenazantes. Ricos y sensuales rojos y tonos azul marino que envuelven interiores blancos o rojos, por no mencionar un eventual y protuberante "pistilo", aluden también a la idea del género orgánico y a una sexualidad descarada. No obstante, al igual que Georgia O‚Keefe, Barreda deja la interpretación de sus "flores" al ojo del espectador. La decisión de Barreda de renunciar al uso del cobre, como en obras anteriores, a favor de utilizar solamente la madera para esta nueva serie, señala también un cambio. Mediante la aplicación de manchas de color en lugar de pintura, extrae de la madera aromática la belleza inherente del cedro, su vena natural y sus características individuales. Las superficies lisas, bruñidas por la mano de la artista, sugieren una relación física, íntima. Esencial a las hermosas "Calas" es su interior blanco, que simboliza la energía pura de la flor. El blanco no ha sido coloreado, más bien se ha blanqueado la madera. El procedimiento de remover el color para develar el alma es consubstancial a la intención de la artista y a su amor por la metáfora. "El arte es algo que se proyecta de tu interior al exterior", dijo recientemente la escultora Kiki Smith, refiriéndose a su proceso de hacer visibles sus ideas. A través de la historia, los escultores se han referido frecuentemente a descubrir la imagen preexistente en el corazón del mármol, la piedra, o la madera. Es un misterio y una fuerza que impulsa a menudo el proceso artístico, en el que Augusta Barreda se deleita claramente, con resultados visualmente elocuentes.

Liz Christensen
Curadora de Arte
Deutsche Bank
Setiembre de 2003